Probablemente te pase: separas los días y los meses según un antes y un después a la pandemia de covid-19 que atravesamos. Tiempos en que podíamos abrazarnos y darnos las manos sin mayores problemas, o que la preocupación por los virus estaba en un tercer o cuarto lugar en tu lista de prioridades.

Pero en verdad sólo han pasado poco más de 9 meses desde que el mundo aprendió de los peligros del coronavirus. Desde que los científicos chinos confirmaron que la enfermedad de propagación rápida de Wuhan fue causada por un nuevo tipo de coronavirus, los investigadores han recaudado más y más información acerca del virus SARS-CoV-2, la enfermedad por covid-19 y cómo nos afecta.

Te presentamos algunas de las cosas que hemos aprendido sobre el virus — y otras que todavía están pendientes.

Lo que sí sabemos

Covid y niños: un tema complejo

En un inicio de la pandemia, se creía que existió una línea que el virus no podía cruzar. Los niños, parecía, no desarrollaban los síntomas severos que estaban enviando a hospitales a adultos que tenían dificultades hasta para respirar. Muy raramente fallecían, e incluso parecía que no contraían la enfermedad a la misma velocidad.

Pero lo relativo al covid-19 es complicado, y su relación con los niños no es la excepción. Mientras que los más jóvenes presentan menores índices de mortalidad que los adultos, no son invulnerables. E incluso contribuyen a transmitir el virus SARS-CoV-2 (a pesar que el cómo permanece nebuloso).

Según datos de la plataforma Epivigila, al 17 de septiembre un 5,9% de contagios en nuestro país corresponde a menores de 15 años, a los que le siguen el segmento entre 15 y 29 con un 21,4%.

Sabemos que niños y jóvenes no debieran ser estudiados como un solo grupo cuando se trata del coronavirus. Los adolescentes parecieran propagar el virus desde la garganta y nariz a la misma velocidad que los adultos. Los niños menores a 5 años presentan comúnmente altos niveles del virus en sus tractos respiratorios, pero aún no se tiene claridad de cuánto de este pueden expulsar o por qué no presentan síntomas con la misma frecuencia que los adultos.

Según una investigación del Children’s National Hospital en Washington, los niños pueden transmitir el coronavirus durante semanas aún siendo asintomáticos. E investigadores de la Universidad de Boston descubrieron que los menores a 21 años presentan cargas virales sorpresivamente altas.

Hay escenarios más seguros que otros

Con la información disponible, se puede llegar a ciertas certezas sobre el SARS-CoV-2. Especialmente, respecto a cómo se transmite de persona a persona.

Básicamente, mientras más tiempo y más cerca se esté de una fuente de infección, más probable se hace contraer el virus. Esto explica el porqué de tanta transmisión dentro de los hogares. En piezas sin suficiente ventilación el virus se diluye más lentamente, por ejemplo. Es por esto que taparse la cara con una mascarilla protege contra la cantidad de virus proyectado, pero no son barreras totales.

El habla fuerte, la respiración profunda, cantar y gritar expele mayores cantidades del virus. Por lo mismo algunos de los primeros lugares que se cerraron al decretarse cuarentenas en el mundo fueron gimnasios y bares.

Las principales formas en las que se transmite el SARS-CoV-2 son a través de microgotas y de contacto con superficies. Pero una mala ventilación de espacios cerrados (especialmente dentro del hogar) puede aumentar el riesgo de contagio.

La razón por la que la cantidad de tiempo de exposición al virus también es importante es porque hay una cantidad específica del virus a la que se debe estar expuesto antes de contagiarse.

Una investigación liderada por la OMS encontró que existe una cantidad relativamente pequeña de personas contagiadas — entre el 10 y 20% — que generan cerca del 80% de nuevos casos. Esto sucede debido a eventos con alta cantidad de gente, como bares y hogares. Que la transmisión ocurra depende de una serie de variables, como cuánta gente hay en un lugar o qué ventilación existe.

La gente puede marcar positivo en un test aún después de recuperarse. No hay que alarmarse

Hace meses hubo cierta preocupación en la comunidad científica sobre gente que, habiéndose recuperado del virus, continuaba marcando positivo para covid-19 durante semanas. Las dudas sobre si estas personas eran contagiosas o si las recomendaciones para personas recuperadas debían cambiar aumentaron.

Sin embargo todo resultó ser un problema de testeo. La mayoría de las pruebas son hechas con una técnica llamada PCR (polymerase chain reaction, o ‘reacción en cadena de la polimerasa’ en español) que busca pequeños fragmentos del SARS-CoV-2. Pero las pruebas no pueden decir si esas secciones de código genético son parte de un virus que pueda infectar a otra persona, o uno que no signifique peligro.

“Existen países en donde se ha sugerido que personas pueden haberse recontagiado. Esto todavía no lo hemos confirmado“, comentó Maria Van Kerkhove, epidemióloga e investigadora principal de la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto al coronavirus. “Debemos mirar hacia un par de cosas al mismo tiempo. Una de ellas es el testeo hecho a un individuo y por cuánto ese individuo arroje resultados positivas. Esto porque hay gente con positividad al PCR que puede durar semanas, pero eso no significa necesariamente que sigan siendo contagiosos por ese tiempo“.

Maria Van Kerkhove es epidemióloga de enfermedades infecciosas, y una de las mujeres clave de la Organización Mundial de la Salud en su lucha contra el covid-19. Es parte del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, el cual fue creado tras la lenta respuesta de los gobiernos africanos a la pandemia de ébola en 2014-2015 en África Occidental.

Ahora se sabe que las personas con infecciones leves o sin complicaciones transmitieron el virus por hasta 10 días después de que sus síntomas comenzaran. Aún así, los test positivos no nos dicen necesariamente que estas personas siguen siendo un riesgo.

Hay efectos duraderos

Lamentablemente sabemos que el covid-19 puede tener efectos más allá de sólo nuestro sistema respiratorio. Lo que se sabe es que la sangre especialmente espesa puede tapar vasos sanguíneos de camino al corazón y dentro del cerebro y pulmones. A su vez, esto puede generar ataques cardíacos, infartos y embolias pulmonares fulminantes. Los investigadores siguen vigilando la evolución de los recuperados en búsqueda de efectos a largo plazo.

Para el corazón, la hiperinflamación de una respuesta inmune generada por el virus puede debilitar el músculo, al punto en que incluso jóvenes con infecciones leves pueden arriesgar insuficiencias cardíacas futuras, según resonancias magnéticas realizadas en Alemania.

En cuanto al cerebro, aquellos que tuvieron como síntoma de covid-19 la pérdida del olfato y el gusto pueden experimentar estos efectos de manera persistente. Los dolores de cabeza y mareos también son bastante comunes. Los desórdenes anímicos (depresión, ansiedad y trastorno de estrés post traumático) también pueden hacerse presentes.

Además, puede generarse un síntoma denominado “niebla del covid”: un síntoma neurológico que genera incapacidad al momento de hablar, complicaciones con resolver problemas matemáticos simples e incluso problemas al tratar de pensar.

Gente asintomática sí puede contagiar

La idea de un paciente asintomático de covid-19 tiene un pequeño tema. Algunas personas no presentan síntomas durante su historia con el virus. Pero el término también se está ocupando para describir a pacientes presintomáticos. Esto es, aquellos que no han demostrado síntomas pero eventualmente lo harán.

Independiente del grupo al que nos refiramos, tenemos algunas certezas sobre ambos casos. Primero: un porcentaje de personas infectadas (cerca del 20% según un estudio publicado en Medrxyv) no presentan síntomas de ningún tipo. Segundo: independiente de si alguien sea asintomático o presintomático, aún pueden propagar el virus. Lo que sí, no se tiene certeza sobre el nivel de efectividad comparado con personas sintomáticas.

Es principalmente por esto que las campañas de salubridad en el mundo han sido tan persistentes con medidas de prevención como el distanciamiento social, uso de mascarillas e higiene de manos. Una vez se presenten los síntomas, ya es tarde para prevenir.

Sí, el SARS-CoV-2 muta, pero más lento que otros virus

La mutación del virus más transmitida en el planeta es la D614G. Esta surgió por el reemplazo del ácido aspártico (o simplemente ‘D’ en notación química, un aminoácido utilizado por las células para formar proteínas) por glicina (‘G’) en la 614° posición de la espícula viral (la molécula que se une a los receptores de la célula huésped) del SARS-CoV-2.

Una de las ventajas de que la pandemia sea causada por un coronavirus es que esta clase de virus no mutan tan rápido como otras familias de virales. Las vacunas que actualmente se están investigando alrededor del mundo ocupan la secuencia genética del SARS-CoV-2 como base. Una mutación brusca del virus podría impedir la efectividad de las investigaciones, algo que de momento no ha sucedido.

De todas maneras, los científicos han observado pequeños cambios en el genoma del virus. Lo que más les ha llamado la atención es la prevalencia de la variante G, que campea en Europa, mientras que en nuestro país se encuentra extendida en regiones del centro y del sur. Esta variante empezó a ganar fuerza durante el inicio de la pandemia, dejando atrás a variantes como la S (asiática), que presentan una menor tasa de contagio.

Según consigna Nature, la mayoría de evidencia disponible sugiere que la variante D614G no detiene a los anticuerpos del sistema inmune de reconocer al virus. Esto se puede explicar gracias a que esta mutación no se encuentra en el dominio receptor-obligatorio — una región que muchos neutralizantes de anticuerpos atacan —  de la espícula viral. 

Lo que no tenemos claro

¿Por cuánto tiempo estamos protegidos frente a una reinfección?

La idea es que en el caso del covid-19 es uno similar a otras infecciones: tras superar el contagio se ganaría cierta inmunidad a una reinfección por algún tiempo. Pero los investigadores aún no tienen claro cuánto es ese tiempo.

De momento, la principal noción sobre este apartado es que el covid-19 actúa como otras infecciones virales. Se ha encontrado que algunas personas contagiadas logran armarse una respuesta inmune que involucra tanto anticuerpos como células inmunes que ‘limpian’ el virus, y que persiste un tiempo. Pero reportes de anticuerpos menguantes crean preocupación sobre que quizás la protección al SARS-CoV-2 no dure demasiado.

Los investigadores no saben a ciencia cierta qué niveles de anticuerpos se requieren para bloquear al virus de conseguir un punto de partida dentro de las células, o qué rol los linfocitos T podrían tener en mantener a raya una infección. Además, se sabe que personas que se recuperan de covid-19 presentan diferentes niveles de anticuerpos. Es posible que personas que generen una respuesta inmune inicial menor no estén tan protegidas frente a una reinfección.

¿Cuánto virus se necesita para contagiarse?

No es sólo un tema sobre susceptibilidad o inmunidad. Contagiarse de cualquier patógeno también depende de la cantidad de éste del que estemos hablando. La cantidad capaz de romper ese equilibrio de protección se llama dosis infecciosa mínima. Algunos patógenos tienen esa dosis baja: la escherichia coli es una bacteria que con cantidades comparativamente menores pueden enfermar a alguien.

Un estudio publicado en The Lancet durante agosto encontró que la carga viral — una expresión numérica de la cantidad del virus presente en un fluido corporal, como la sangre — de SARS-CoV-2 presente en un paciente durante un diagnóstico era un predictor de mortalidad. En otras palabras: a mayor cantidad de virus en el cuerpo, mayor el riesgo de fallecer.

Los hurones son animales capaces de contagiarse y propagar enfermedades a los humanos. Por esta razón en algunos lugares del planeta su tenencia está regulada estrictamente o de plano prohibida. Pero es esta misma razón por la que en muchos laboratorios se les utiliza para observar las consecuencias del covid-19, ya que en mayo de este año se confirmó la susceptibilidad de este mamífero al SARS-CoV-2.

Pero sobre la dosis infecciosa mínima existe menos información y la literatura disponible es de carácter menos contundente. Un estudio llevado a cabo por investigadores del Public Health’s National Infection Service de Inglaterra, da algunas luces al respecto. 

Consistió de un experimento llevado a cabo con hurones, a los cuales se les suministraron diferentes dosis de SARS-CoV-2. Los doce hurones que recibieron dosis medianas y altas (6 cada grupo) sufrieron dolencias similares a las humanas. Pero del grupo que recibió una carga pequeña, tan solo uno resultó contagiado.

¿Por qué hay tanta variedad entre los síntomas posibles?

El rango de escenarios posibles para las personas que contraen covid-19 (desde un caso asintomático, a levemente sintomático, a una enfermedad con complicaciones de meses e incluso la muerte) sigue mantieniendo a los investigadores perplejos.

Existen algunos factores que se conoce pueden generar mayores riesgos de enfermarse gravemente: personas mayores, como gente con condiciones de salud tales como cáncer u obesidad.

Pero los científicos postulan que existe una capa de factores subyacentes que podrían explicar por qué la mayoría de las personas en sus 30 que contraen el virus pueden recuperarse tras unos pocos días, mientras que otros se enferman gravemente. Las explicaciones, que actualmente se encuentran bajo estudio, varían entre diferencias genéticas y tipos de sangre.